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LA CRUZ EN EL ALTAR

La Instrucción General del Misal Romano dispone que sobre el altar, o cerca de él, se coloque una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado.

Como se desprende del texto, se puede poner el crucifijo en dos lugares: sobre el altar o cerca de éste. Si se pone sobre el altar, la Instrucción no indica en qué lugar debe de ser.

Sin embargo, por la costumbre actual de celebrar “hacia el pueblo”, el crucifijo a menudo se coloca en la pared del presbiterio, con lo que pierde la ubicación central de la celebración.

El entonces Cardenal Ratzinger, en su libro “El espíritu de la liturgia” apunto que sería bueno “colocar la cruz en el centro del altar, para que la puedan ver tanto sacerdote como los fieles, y de esta forma ser guiados por el Señor, y de esta forma, orar juntos”.

Siguiendo estas enseñanzas, tras el nombramiento de Mons. Guido Marini como Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, se puso un crucifijo en el centro del altar. Así, tanto el papa como los fieles veían hacia el mismo lugar: hacia cristo crucificado.

Esta costumbre ha sido confirmada en el pontificado del Papa Francisco. Todos los días, en Santa Marta, celebra la misa con un crucifijo en el centro del altar. Además, en las celebraciones que ha presidido en cualquier templo o lugar que ha visitado, se ha puesto el crucifijo en el centro del altar.

A partir del Consistorio para la creación de nuevos cardenales, el crucifijo ha sido de un tamaño más pequeño de lo que anteriormente se usaba. Creo que esto sólo es un dato anecdótico, porque su función la cumple. Me llama la atención como, siempre que el papa llega al altar se queda viendo el crucifijo. Lo mismo durante la plegaria eucarística.

Tal vez sea una práctica que se deba seguir en todas las iglesias. El Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco nos han puesto el ejemplo. Pongamos la cruz en el centro de la celebración. Así recordaremos aquello que dijo Santa Rosa de Lima y que reproduce el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 618): “Esta es la única verdadera escala del paraíso, fuera de la Cruz no hay otra por donde subir al cielo”.

La imagen puede contener: noche

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BESOS EN LA MISA

Junto con las dos formas de inclinación y la genuflexión, el beso es otra forma externa de veneración en la liturgia.

Ordinariamente se dan tres besos durante la misa:

1.- Al inicio de la misa, el diácono y el sacerdote, después de saludar al altar con una inclinación profunda, lo besan.

2.- Después de que se proclama el Evangelio, el celebrante principal lo besa mientras dice en secreto: “Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados”

3.- Al final de la misa, el sacerdote y el diácono besan en altar después de la bendición final y después se inclinan profundamente frente al altar junto con los demás ministros.

La imagen puede contener: una o varias personas y personas sentadas

El incesario

Antes de las celebraciones litúrgicas debe de prepararse el incensario en la sacristía, colocando carbones encendidos en su interior.

Antes de cada incensación, debe de ponerse incienso en el turíbulo. La norma general es que el celebrante principal sea quien ponga los granos de incienso, aunque en algunas ocasiones, como para incensar el Cuerpo y Sangre de Cristo en la consagración, puede hacerlo otro ministro.

Para poner el incienso debe procederse de la siguiente forma: elturiferario pasa el turíbulo a la mano izquierda y, con la mano derecha, toma la cadena unida a la tapa, y la levanta; luego, sujeta esa cadena con la mano izquierda y, con la mano derecha, toma las cuatro cadenas por la mitad y eleva el incensario a la altura del pecho del celebrante. Cuando ha hecho eso, otro acólito le acerca la naveta destapada al celebrante. El celebrante toma incienso de la naveta con la cuchara y lo deposita sobre los carbones encendidos. Luego bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada. Una vez que el celebrante ha bendecido el incienso, el turiferario baja la mano derecha y suelta las cadenas; luego, se pasa el disco de la mano izquierda a la derecha.

En el caso de la liturgia episcopal hay unas variaciones. La primera es que, si se encuentra en la cátedra o en la sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie. La segunda es que quien le presenta la naveta es el diácono, si lo hay, cuando se prepara el turíbulo fuera de la cátedra.

Si el que va a incensar es el celebrante, como ocurre en el ofertorio, el turiferario toma las cadenas por la mitad con la mano izquierda, y entrega el turíbulo al celebrante: le pone el disco en la mano derecha del celebrante y las cadenas en la mano izquierda. En caso de que el celebrante sea obispo, el turiferario le debe dar el incensario al diácono, y éste se lo entrega al obispo en la forma que hemos dicho.

La imagen puede contener: una o varias personas

Un acólito porta el turíbulo. A éste se le denomina turiferario. Una forma de tenerlo es poner la argolla del disco en el meñique de la mano derecha, mientras sostiene la otra argolla con el pulgar o con el índice de la mano derecha, al tiempo que coloca la mano izquierda sobre el pecho. Mientras esté humeante el incensario, el turiferario debe de estar balanceándolo.

Otro acólito puede portar la naveta. La lleva en la mano derecha, y pone la mano izquierda sobre el pecho. Si no hay posibilidad de tener dos acólitos, el mismo turiferario lleva la naveta en la mano izquierda, pegada al pecho, mientras que en la derecha lleva el incensario.

La imagen puede contener: una o varias personas y personas de pie

El incienso


El incienso es una resina que, cuando se quema, emite un olor agradable. Esta resina se toma de la savia de las plantas de la familia terebintáceas.
En las Escrituras aparece el incienso varias veces con un significado de culto, honor y oración de sacrificio, además de los usos de aromatización y purificación.
Como culto aparece en la ofrenda de los Magos al niño Jesús (Mateo 2,11). Con ese incienso, los magos adoraron al niño Jesús, es decir le dieron un uso latréutico, es decir, de instrumento de culto.
Como honor también aparece en los regalos de los Magos al Señor. Cada uno de los obsequios resaltan una característica: oro porque es Rey, incienso porque es Sacerdote, y mirra porque es profeta, Cristo. Aquí vemos, por lo tanto, el uso de incienso como un honor hacia lo sagrado. Por eso la Iglesia usa incienso en honor a los sacerdotes, reliquias, imágenes e incluso las personas.
Finalmente, como oración y sacrificio, aparece en el salmo 141, en donde dice “Suba a ti, Señor, mi oración como incienso en tu presencia.”, y en el Apocalipsis se menciona que vino un ángel “que se ubicó junto al altar con un incensario de oro y recibió una gran cantidad de perfumes, para ofrecerlos junto con la oración de todos los santos, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos, subió desde la mano del Ángel hasta la presencia de Dios.”

El incensario es un pequeño brasero suspendido por cadenas, en la que se quema el incienso. También se le  llama turíbulo.
Tiene varias partes:
1.-  Base,  que es el lugar en donde se depositan los carbones y el incienso, que sirve como brasero.
2.- Tapa (opérculo), que es la parte superior del cuerpo del incensario, y es lo que permite abrir y cerrarlo.
3.- Las cadenas, que son las que sostienen la base del incensario y la tapa. Normalmente son tres unidas la base y una más unida a la tapa.
4.- El disco, que es un cilindro al que llegan las tres cadenas unidas a la base.
5.- Las argollas, que son dos anillos: uno se encuentra en la parte superior del disco y uno más al final de la cadena que sale de la base.

La naveta es el complemento obligado del incensario. Consiste en una caja que contiene el incienso. Normalmente, tiene forma de nave, de ahí su nombre.  Siempre va acompañado de una cuchara con la que se pone el incienso en el turíbulo.


Los Tiempos Liturgicos