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Archive for the ‘MONAGUILLOS’ Category

Hace pocos días, visitando una iglesia de un convento de religiosas, en la sacristía me encontré con una oración para los monaguillos, que me gustó mucho, y me acordé de vosotros. Pensé: esta oración deberían hacerla todos los monaguillos, sobre todo, antes de empezar la Santa Misa. Aquí os pongo lo que leí en aquella sacristía.monaguillos_62

 

“Monaguillo: tú eres un invitado especial de Jesús.”

Oración:

Oh Jesús, te adoro y te doy las gracias por haberme admitido al servicio de tu altar como monaguillo. Concédeme el don de la piedad, de la pureza, de la ciencia de la doctrina cristiana y la liturgia. Bendice a este grupo de monaguillos para que sea el jardín donde florezcan las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. María Santísima y San José, enseñadme a amar, reverenciar y servir a Jesucristo como vosotros hicisteis en la tierra y como hacen los ángeles en el cielo.” Amén.

 

Te gusta, ¿verdad? Pues para ayudarte a aprenderla, la puedes escribir en un folio, y pedirle al sacerdote permiso para ponerla en la sacristía de la iglesia en la que ayudas a Misa, para que la podáis hacer tú y todos los monaguillos cada vez que ayudéis en la Eucaristía.

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Oración del acolito

Señor,
Te doy mi vida entera.
Ayúdame a servir.
Enséñame a ser fiel y constante.

Haz que irradie tu amor
a los que me rodean.
Que pueda ser testigo de tu mensaje
en todas partes.

Si no, todo lo que hago ahora
será sólo apariencia e hipocresía.

Que pueda servirte con dignidad en el Altar
y ponga en el servicio a Ti y a los demás
todo mi corazón.

Virgen María,
enséñame a amar y servir a Jesucristo
como tú lo hiciste
y como lo hacen contigo
los ángeles en el Cielo.

Amén

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El Acólito es Servidor y Testigo de Jesucristo
EL acólito es destinado al servicio del altar y ayuda del sacerdote y del diácono”, dice la Introducción General del
Misal (nº 65).
La palabra ‘clave’ en esta frase es la palabra “servicio”. El acólito está llamado a servir, muy en especial en la
celebración eucarística.
La palabra “servir” es un término bíblico de mucho contenido e inspira respeto. Aquí no se trata de un servicio
esclavizante o humillante, sino un privilegio noble de poder servir. Se trata aquí de “servicio religioso”.
Cristo y el prójimo sirven. También la comunidad creyente y el mundo sirven: todos los cristianos están
llamados a servir. El acólito tiene el privilegio de expresar y vivir esta vocación en el servicio de la liturgia.
EL SERVICIO EN EL ALTAR
Pero de esta nobleza de su función, fluye también el deber de cumplir esta tarea de servicio de una manera
constante, digna, alegre y devota. Y eso sólo es posible si conoce bien su tarea.
Al mismo tiempo, el acólito es el testigo de Jesucristo. Da testimonio de su fe en Jesús, no sólo dentro de la
Iglesia sino en toda su vida: en la familia, en la escuela, en las actividades deportivas, etc. En todas partes se
siente orgulloso de ser cristiano e irradia amor hacia el Señor y hacia los demás, a través de todo su
comportamiento. Sacará fuerzas del contacto frecuente con los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia,
para dar testimonio de Jesús y vivir como Él lo desea. A través de la oración diaria, será capaz de mantenerse fiel al Señor.

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Ser monaguillo   

     

Ser monaguillo es hacer un servicio importante a la comunidad cristiana.

Ser monaguillo nos acerca más a Jesús y nos hace vivir más su amistad.

 

Ser monaguillo nos enseña a vivir como cristianos.

 

Ser monaguillo, desde luego, vale la pena.

 

 

No es cualquier cosa

 

Ser monaguillo no es una cosa cualquiera.

 

Nosotros, los cristianos, nos reunimos todos los domingos para celebrar la eucaristía, la misa, que es el momento principal de nuestra fe. Y el monaguillo es aquel que ayuda a que la misa del domingo se celebre mejor, que todo esté a punto, que todos los asistentes puedan rezar y celebrar como es debido.

 

Además de la misa del domingo, hay también otras celebraciones cristianas, como la misa diaria o los demás sacramentos u otros momentos de reunión de la comunidad. El monaguillo, si se lo piden ayuda también a estas celebraciones, para un mejor servicio a los que participan en ellas.

 

Y están también de un modo especial, los grandes días de fiesta: La Semana Santa y la Pascua, la Navidad… En esos días, más que nunca, el monaguillo debe procurar con todo su esfuerzo y sus capacidades que las celebraciones tengan la solemnidad que les corresponde, y todo este mejor preparado que nunca.

 

Ser monaguillo no es una cosa cualquiera.

 

Porque con nuestra actuación, servimos y ayudamos a toda la comunidad de los cristianos. Como también la ayudan los que realizan otras tareas o ministerios: los lectores, los responsables de los cantos, etc. Y lo hacemos muy cerca de Jesús, muy cerca de la Palabra y de la Eucaristía que él nos dejó. Y así aprendemos, día tras día, a ser más amigos de él, más cristianos.

 

Ser monaguillo no es una cosa cualquiera. ¿Ser monaguillo es algo muy importante!

 

Por ello, vale la pena que te prepares bien, que lo hagas lo mejor de que seas capaz, que quieras ser un buen modelo para todos los que te vean, que ames cada día más a Jesús y cada día más a toda la gente que tienes a tu alrededor.

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15 consejos para los MONAGUILLOS.

 

1) Considerar UN GRAN HONOR el hecho de ser acólito. Al tratarse de un servicio ante el altar, es una actividad SAGRADA.Esforzarse por honrar este cargo y ser fiel a esta gracia.2) Estás ante el Rey del cielo. HACER BIEN CADA MOVIMIENTO y con EXACTITUD. Por ejemplo: preparar el altar, al ayudar la Misa, las entradas y salidas de las ceremonias, etc. Dar lo mejor de sí, como harían los mejores soldados.

3) PIEDAD. Gran amor a Jesús en la Eucaristía. Hacer una visita al Santísimo cada vez que se vaya a la Iglesia. Acción de Gracias después de la Comunión. Pedir el don de la piedad al Espíritu Santo. Fomentar la devoción a María, Reina y Señora.

4) ESTADO DE GRACIA Permanecer siempre en la amistad de Dios. Si se cae en pecado confesarse cuanto antes. Cumplir con alegría, sencillez y espíritu de perfección las obligaciones ordinarias de la vida. Huir de las ocasiones de pecado (TV, malas compañías, malos ambientes, etc.) y fomentar la ascética y la mística cristianas.

5) El servicio del acolitado se aprende. CONOCERSE Y CORREGIRSE UNO MISMO. Tenemos defectos y debilidades. Aceptar las correcciones del sacerdote con humildad. Pedir la Gracia de Dios.

6) SERIEDAD Y RESPONSABILIDAD en el cumplimiento del deber. Tomar con seriedad las órdenes, los avisos, las ceremonias, los deberes propios del acólito. La Santa Misa es el misterio central de la fe: que tus gestos hablen por tí.

7) NO MIRAR hacia los fieles o para cualquier parte durante las ceremonias. Tener el corazón, la mente, el cuerpo, orientado hacia las funciones que haya que hacer.

8) PERMANECER ERGUIDO en posición recta:
ARRODILLADO: erguido, las manos juntas sin cruzar ni mover los pies.
DE PIE: los pies derechos, las manos juntas.
SENTADO: el cuerpo erguido, las rodillas juntas, las manos sobre las piernas.
CAMINANDO: despacio. Los ojos bajos, con recogimiento. No caminar hacia atrás.

9) REALIZAR CADA ACCIÓN SOLAMENTE DESPUÉS DE HABER TERMINADO LA ANTERIOR. Sentarse, arrodillarse y ponerse de pie (no apoyarse cuando se está de pie).

10) ATENCIÓN en las ceremonias. Hacer las cosas bien y DESPACIO, pero con prontitud y desenvoltura. ENSAYAR antes para aprender bien.

11) SIMETRÍA Y SINCRONIZACIÓN en las ceremonias. Realizar las acciones junto a otros al mismo tiempo; por ejemplo, las inclinaciones y las respuestas de la Misa. Guardar siempre la misma distancia con relación al otro acólito, si lo hubiera.

12) SILENCIO: en la Iglesia, en la sacristía. No hablar en la Iglesia, no reírse, no hacerse gestos. Recogimiento interior.

13) PRONUNCIAR bien las palabras, ya sean en tu lengua vernácula o en latín, si fuera el caso.

14) FORMACIÓN: fometa la lectura sobre la liturgia; aprende de buenos autores. Cuanto más profundices en la liturgia, más y mejor comprenderás y disfrutarás los misterios de la fe. La formación ayuda a “ver con ojos nuevos” la fe que la Iglesia expresa con gestos y palabras.

15) BUEN EJEMPLO: en el catecismo, en la escuela, en la calle, en la Iglesia. Observar un comportamiento ejemplar (que motive a ser imitado). Hacer las cosas con dedicación, piedad y celo. El ministerio del acolitado puede ser fomentado y gracias a tu conducta, quizás haya quien se ofrezca a ayudar en el altar. Recuerda que el acolitado es “semillero” de vocaciones sacerdotales.

 

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ESCUCHA Y VERÁS.

JESÚS ES TU MEJOR AMIGO.

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                PARA SER UN BUEN MONAGUILLO………

  • Es importante que conozcas bien lo que es la misa y el sentido que tiene, asi como también los demás sacramentos y celebraciones cristianas. Escucha atentamente todo lo que el sacerdote y los demás responsables te expliquen.

  • Y es importante, también, que conozcas y sepas todo lo que tienes que hacer en la misa y cuándo tienes que hacerlo. Si algo no lo has entendido bien, no dudes en preguntarlo.

  • Cuando estés en el altar, permanece siempre muy atento. Piensa que estás ante Jesús, y piensa también que estás delante de la gente. Si no estás atento, no harás bien lo que tienes que hacer, y encima distraerás a los demás.

  • Sé buen compañero de los demás monaguillos, y haz lo que te digan tanto el sacerdote como los demás responsables de la Iglesia, para que haya buen clima entre todos y todo funcione correctamente.

  • Sé siempre puntual, tanto para llegar a la hora convenida antes de la misa o de las demás celebraciones, como en los días en que debáis reuniros para ensayar o para cualquier otra actividad.

  • Recuerda que la gente sabe que eres monaguillo y que ayudas en la celebración de la misa. Lo que significa que deberías ser un poco como un modelo para todos: sé siempre, en la calle, en casa, en la escuela, un chico o chica servicial, alegre, con ganas de ayudar a todos del mismo modo que ayudas al sacerdote en la misa.

  • En definitiva, procura ser un buen cristiano, amando a Jesús y amando a los demás como él nos enseño.

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