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Archive for the ‘CATEQUESIS’ Category

El Acólito es Servidor y Testigo de Jesucristo
EL acólito es destinado al servicio del altar y ayuda del sacerdote y del diácono”, dice la Introducción General del
Misal (nº 65).
La palabra ‘clave’ en esta frase es la palabra “servicio”. El acólito está llamado a servir, muy en especial en la
celebración eucarística.
La palabra “servir” es un término bíblico de mucho contenido e inspira respeto. Aquí no se trata de un servicio
esclavizante o humillante, sino un privilegio noble de poder servir. Se trata aquí de “servicio religioso”.
Cristo y el prójimo sirven. También la comunidad creyente y el mundo sirven: todos los cristianos están
llamados a servir. El acólito tiene el privilegio de expresar y vivir esta vocación en el servicio de la liturgia.
EL SERVICIO EN EL ALTAR
Pero de esta nobleza de su función, fluye también el deber de cumplir esta tarea de servicio de una manera
constante, digna, alegre y devota. Y eso sólo es posible si conoce bien su tarea.
Al mismo tiempo, el acólito es el testigo de Jesucristo. Da testimonio de su fe en Jesús, no sólo dentro de la
Iglesia sino en toda su vida: en la familia, en la escuela, en las actividades deportivas, etc. En todas partes se
siente orgulloso de ser cristiano e irradia amor hacia el Señor y hacia los demás, a través de todo su
comportamiento. Sacará fuerzas del contacto frecuente con los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia,
para dar testimonio de Jesús y vivir como Él lo desea. A través de la oración diaria, será capaz de mantenerse fiel al Señor.

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Vamos a hacer una entrevista a aquel pescador de Galilea llamado Simón Pedro:

Pregunta: ¿Qué sentiste al negar a Cristo?

Respuesta: Fue el día más triste de mi vida; no se lo deseo a nadie. Yo era muy duro para llorar, pero ese día lloré a mares; no lo suficiente, porque toda la vida lloré esa falta. Sin embargo, por haber negado al Señor un día, lo amé muchísimo más que si nunca lo hubiera hecho. Esas negaciones fueron un hierro candente que me traspasó el corazón.

Pregunta: ¿Prefieres el nombre de Pedro al de Simón?

Respuesta: Sí, porque el nombre de Simón me lo pusieron mis padres; el de Pedro, Cristo. Además, es un nombre que encierra un gran significado. Por un lado me hace feliz que Él me haya hecho piedra de su Iglesia; por otro lado, me produce gran confusión, porque yo no era roca, sino polvo vil. Cristo ya no me llama Simón, Él prefiere llamarme roca; y en el cielo todos me llaman Pedro.
Mi antiguo nombre ya se me olvidó. Cuando pienso en mi nuevo nombre, cuando me llaman Pedro, inmediatamente pienso en la Iglesia. Me llaman así con un sentido muy particular los demás vicarios de Cristo que me han seguido, y yo siento ganas de llamarles con el mismo nombre, porque todos somos piedra de la misma cantera, todos sostenemos a la Iglesia.

Pregunta: ¿Por qué dijiste al Señor aquellas palabras: «Señor, a quién iremos, si Tú tienes palabras de vida eterna»?

Respuesta: Me salieron del corazón. La situación era apurada, y había que hacer algo por el Maestro; veía a mis compañeros indecisos, y sentí la obligación de salvar la situación y confiar; por eso dije en plural: «¿A quien iremos Señor? Tú tienes palabras de vida eterna». Yo mismo no comprendía en ese tiempo muchas cosas del Maestro. Ni pienses que entendía la Eucaristía, pero dejé hablar al corazón, y el corazón me habló con la verdad.
Yo amaba apasionadamente al Maestro y aproveché aquel momento supremo para decir bien claro y bien fuerte: «Yo me quedo contigo». Y, de lo que entonces dije, nunca me arrepentí.

Pregunta: ¿Qué sentiste cuando Cristo Resucitado se te apareció?

Respuesta: Es difícil, muy difícil de expresar, pero lo intentaré. Por un segundo creí ver un fantasma, luego sentí tal alegría que quise abrazarlo con todas mis fuerzas. «¡Es Él!» pensé, pero luego sentí cómo se me helaba la sangre, y quedé petrificado sin atreverme a mover. Él fue quien me abrazó con tal ternura, con tal fuerza… Y oí muy claras sus palabras: «Para mí sigues siendo el mismo Pedro de siempre».

Pregunta: ¿Qué consejo nos das a los que seguimos en este mundo?

Respuesta: Puedo decirles que mi actual sucesor, Benedicto XVI, es de los mejores. Háganle caso y les irá mejor.

Pedro es el típico hombre, humilde de nacimiento, que se hizo grande al contacto con Cristo. El típico hombre, pecador como todos, pero que, arrepentido de su pecado, logró una santidad excelsa.

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Misericordiosos como las grullas»

“Seamos misericordiosos, imitemos a las grullas, de las que se dice que, cuando quieren llegar a un determinado lugar, vuelan muy alto, como para localizar mejor, desde un observatorio más alto, el territorio de su meta. La que conduce la bandada sacude la flojedad del vuelo, lo incita con la voz; y si la primera pierde la voz o se queda ronca, otra toma inmedia…tamente su puesto. Todas se preocupan de las cansadas, de modo que si una desfallece, todas se unen, sostienen a las cansadas, para que con el reposo recuperen las fuerzas.
Seamos, pues, misericordiosos como las grullas: desde el más alto observatorio de la vida, preocupémonos por nosotros y por los demás; seamos guía de los que no conocen el camino; con la voz de la predicación animemos a los perezosos e indolentes; demos el cambio en el trabajo, porque, sin alternar la fatiga con el reposo, no se resiste mucho; tomemos sobre nuestras espaldas a los débiles y enfermos para que no se queden durante el camino; seamos vigilantes en la oración y en la contemplación del Señor; tengamos estrechamente en nuestras manos la pobreza del Señor, su humildad y la amargura de su Pasión; y si algo inmundo intenta insinuarse entre nosotros, gritemos ayuda y, sobre todo, huyamos de los murciélagos, es decir, de la ciega vanidad del mundo”.

SAN ANTONIO DE PADUA

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LAS CINCO PIEDRAS PARA VENCER AL GOLIAT
1. Oración
2. Ayuno
3. Lectura de la Biblia
… 4. Confesión
5. Eucaristía
LAS CINCO PIEDRAS
Cuando David salió de su tienda para enfrentarse al temible gigante Goliat, tomó del suelo cinco piedras, única munición para su honda. A pesar de su desproporcionada dimensión respecto a su rival y la aparente precariedad de sus armas, Dios intercedió para que aquel joven, que tenia puesta su confianza en El, obtuviera una victoria que aún hoy sigue maravillándonos. En estos tiempos actuales, nuestro Goliat es el demonio que en todo momento busca destruirnos. Maria, nuestra mejor aliada, en su sabiduría e inteligencia, nos proporciona la solución más eficaz y segura para salir victoriosos: Las Cinco Piedras Las 5 piedras que La Reina de la Paz nos proporciona son: La oración con el corazón, el ayuno, la confesión, la Eucaristía y la lectura de la Biblia, son los puntos que María nos da para recorrer un camino de santidad, de paz, de transformación interior totalmente asegurado, un camino sencillo, accesible a todos”.

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