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Archive for 19 agosto 2018

Rezar de Rodillas

Rezar de rodillas, es el cuerpo el que se prosterna y el corazón el que se abandona. Esta actitud de oración expresa la sumisión a Dios, la obediencia a su voluntad, la adoración, la humildad y la penitencia. Es la actitud de fe por excelencia.

Charles de Foucauld se arrodilló antes de confesarse y de reencontrar la fe. Cuántas meditaciones han sido escritas después de haber adorado de rodillas el Santísimo Sacramento…

Rezar de rodillas, como toda actitud corporal, no es algo neutro. Es un gesto de adoración y de penitencia que pide una cierta humildad. La humildad es esa actitud fundamental en la oración en la que aceptamos nuestra condición de criatura situándonos ante Dios y esperándolo todo de Él.

Así nos hacemos más libres, porque estamos en la verdad de nuestra finitud humana. Reconocemos que Dios lo es todo para nosotros y que no somos nada sin su amor misericordioso. Estar de rodillas, cerca del suelo, favorece esta actitud de humildad (humus) y de interioridad, tan esencial para la adoración.

Adorar, proskynein en griego, evoca el gesto de arrodillarse y prosternarse. Hincar las rodillas ante Dios es reconocer humildemente que lo esperamos todo de Él. Es la oración del profeta Daniel: “Continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios” (Dn 6,11).

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Este es el segundo artículo sobre la Santa Misa. En ésta segunda entrega explicaremos los ritos iniciales.

LOS RITOS INICIALES sirven para recibir a los fieles y son la apertura de la celebración. Sus objetivos son los de ayudar a formar y sentirse como comunidad y preparar a los fieles a oír y celebrar dignamente la Eucaristía. “Los ritos que preceden a la Liturgia de la Palabra… tienen el carácter de exordio, introducción y preparación” (OGMR 46).

Estos ritos iniciales son los siguientes:
* Procesión y canto de entrada: Antes de ponerse en marcha la procesión de entrada hacia el altar para comenzar la Eucaristía el turiferario ofrece al presidente el incensario para que imponga el incienso. La procesión de entrada se solemniza si se inicia desde el fondo de la nave.

El orden debe ser: turiferarios, crucífero con dos ceroferarios a ambos lados o portadores de ciriales, siguen los demás ministros y el diácono (si lo hay), que porta el Evangeliario en alto. Si no hay diácono puede portarlo un acólito o un lector instituido, siguen los concelebrantes siempre de dos en dos y el presidente sólo.

Cierra la procesión el maestro de ceremonias y los ministros del libro, mitra y báculo (si preside el obispo).

Los concelebrantes y ministros, cuando van caminando en procesión o están de pie deben tener ante el pecho las palmas extendidas y juntas, el pulgar de la mano derecha sobre el pulgar de la izquierda formando una cruz. Mientras tiene lugar la procesión, el pueblo entona un canto de entrada, que sirve para abrir festivamente la celebración, fomentar la unión de los fieles y acompañar la procesión (El coro debe de elegir un canto idóneo e interpretarlo solemnemente).

Veneración del altar: Como símbolo de Cristo (beso ritual). Todos hacen al llegar reverencia al Altar y el presidente y el diácono, además, lo besan. Igual hacen los concelebrantes, a ser posible de dos en dos. Como norma se puede decir que los servidores que porten algún objeto en las manos están exentos de hace la reverencia (por ejemplo, los portadores de los ciriales). Al llegar al altar el turiferario se coloca a la izquierda y entrega al presidente el incensario para la incensación del altar, la Cruz y la imagen solemnemente expuesta si la hay.

* La señal de la Cruz: Evoca nuestra iniciación cristiana y se invoca a la Trinidad. El presidente y el pueblo se santiguan.

* Saludo a la Asamblea: Se establece aquí un diálogo de comunión entre el Presidente y la Asamblea –El Señor esté con vosotros–…

* Monición Inicial: Tiene por objeto explicar e implicar a todos en la celebración. Debe ser breve, incisa y preparada. Puede pronunciarla el presidente u otra persona –monicionista–. La costumbre, a veces observada, de hacer la monición inicial antes de la procesión de entrada no es litúrgicamente correcta.

* Acto penitencial: Todos somos pecadores y debemos pedir perdón. Este acto a su vez consta de varias partes:
– Monición, que dice el presidente
– Silencio breve
– Confesión general –Yo confieso…-–
– Absolución (que perdona los pecados leves del día pero no tiene la eficacia propia del sacramento de la penitencia).

Existen otras dos fórmulas además de la anterior, consistentes en un breve diálogo y pueden incluir el Kyrie, en cuyo caso no se dice posteriormente.

Los domingos, especialmente en tiempo pascual, se puede sustituir el acto penitencial por la bendición y aspersión del agua bendita, como recuerdo del bautismo.

* El Kyrie: “Señor, ten piedad”. Tiene carácter doxológico, no es penitencial sino que tiene sentido de aclamación a Cristo y petición de misericordia. Son unas palabras griegas venerables de larga tradición. Se atribuye al papa San Gelasio –fines S. V-

* El himno Gloria: No fue compuesto para la Misa. Entró en la Eucaristía para la fiesta de Navidad extendiéndose después a los domingos pero sólo para los obispos. Es un himno trinitario de alabanza. Se le llama también doxología mayor o grandoxología. (El texto del gloria es invariable)

* La oración Colecta: (colecta=reunir). El sacerdote invita a orar, lee la oración y el pueblo ratifica con un AMEN.

La oración colecta se dice tras el Gloria, si lo hay, o tras el “Señor ten piedad”. Es la primera de las oraciones presidenciales.
Mediante esta oración se expresa la índole de la celebración, o sea, el carácter propio del día. Si es solemnidad, fiesta o memoria se suele citar en la misma el santo que celebramos. Se la llama así porque recolecta las intenciones individuales en una sola oración que se convierte en la oración de la Iglesia. También se la llama a veces oración del día o de la Misa. Se considera la oración más importante de las variables y concluye con la fórmula trinitaria más desarrollada.

En épocas pretéritas, cuando los fieles se reunían en una iglesia y se trasladaban procesionalmente a otra para la Misa, era la oración inicial que se rezaba cuando el pueblo estaba reunido. Actualmente, con la oración colecta concluyen los ritos iniciales y se da paso a la Liturgia de la Palabra. La oración colecta es, junto al canto de entrada, la parte más antigua de los ritos iniciales.
También se llama colecta a la recaudación monetaria que se hace a favor de los necesitados durante la Misa.

La postura de los fieles durante todos estos ritos es de pie.

El el próximo artículo explicaremos la liturgia de la palabra.

Bendiciones…

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Profundizaremos sobre la Santa Misa, sus signos, importancia y a como prepararnos para vivirla Santamente.

El Domingo es el día más importante de la semana por ser el día del Señor, por eso desde toda la semana nos debemos de preparar para vivirlo como Dios se lo merece.

Antes de llegar el Domingo debemos de planear a que Misa debemos asistir según el horario de nuestra parroquia, dejando en segundo plano paseos y otras actividades, primero es la Santa Misa.

Habiendo planeado éste día y dándole la prioridad a la Santa Misa, nos trasladamos a este día solemne.

Siendo Domingo, nos preparamos para asistir al sacrificio de la Santa Misa, cumpliendo con el ayuno que la Iglesia nos enseña.

¿En qué consiste el ayuno eucarístico?

Consiste en abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción del agua y de las medicinas. Los enfermos y sus asistentes pueden comulgar aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior.

Con todo ésto cumplido llegamos al templo, al entrar existen ciertas reglas de sentido común que conviene respetar cuando se entra en un templo.

Un templo es un lugar de oración y de celebración de oficios litúrgicos. Alberga el Santísimo (la Eucaristía) y quizás también otros objetos de veneración, como reliquias de santos y mártires o iconos.

Primero, conviene prepararse, en cuerpo y alma, con una buena disposición antes de entrar en una iglesia. Tal es el objeto de la práctica del sacramental del agua bendita.

Presentada en las pilas de agua bendita a la entrada de la iglesia, esta agua que ha recibido la bendición de un sacerdote es utilizada para dibujar el signo de la cruz y alejar al demonio de aquellos que realizan este gesto con fe, rompiendo con la agitación del mundo exterior.

El momento en que se traza el signo de la cruz es el momento oportuno para girar nuestro espíritu hacia Dios, físicamente presente en el templo.

Luego hay que ubicar el Santísimo y el altar mayor

En efecto, las iglesias cobijan al Santísimo bajo la forma de especies consagradas —convertidas en el verdadero cuerpo de Cristo— durante la misa. Jesús Eucaristía reposa así en un tabernáculo y su presencia es significada por una luz de color rojo.

A menudo, este tabernáculo está situado cerca del altar mayor, en el coro y en alineamiento directo con la nave central. Sin embargo, a veces hay una capilla lateral dedicada a esta función.

Conviene efectuar una genuflexión ante este tabernáculo: ¡estamos en presencia de Cristo! Es costumbre, cuando el Santísimo no se conserva cerca del altar mayor, inclinarse en el momento que se pase ante el altar. Más que una simple mesa, se trata del lugar donde se lleva a cabo el santo sacrificio de la misa.

El templo es un lugar de oración, de adoración, pero también es lugar de celebraciones y de confesiones.

En cualquier caso, entrar en una iglesia implica una atención benevolente: hay que identificar los confesionarios ocupados y no acercarnos a ellos para así respetar el secreto de la confesión.

A menudo, hay espacios especialmente dispuestos para la oración o la adoración, por lo que conviene no visitarlos por simple curiosidad para no perturbar a las personas que vienen a rezar.

En la próxima entrega les explicaré los ritos iniciales de la Santa Misa. Dios les bendiga.

Créditos: Administrador de la página, Liturgia y Música

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3 COSAS PARA COMULGAR BIEN

Las disposiciones para recibir dignamente a Cristo son:

a) Estar en gracia de Dios, es decir, limpios de pecado mortal. Nadie puede acercarse a comulgar, si antes no ha confesado los pecados mortales, ya que cometería un sacrilegio.

b) Guardar el ayuno eucarístico, que supone no haber comido ni tomado bebidas desde una hora antes de comulgar; el agua no rompe el ayuno y tampoco las medicinas.

c) Saber a quién se recibe. Puesto que se recibe al mismo Cristo en este sacramento, no podemos acercarnos a comulgar desconsideradamente o por mera rutina.

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