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Archive for 25 noviembre 2011

Hablar es cosa fácil, no así el escuchar.

Sin duda por eso nos dio el Señor dos orejas pero sólo una lengua. Oir como quien oye llover. Oía campanas sin saber de dónde, también resulta sencillo. No así lo de escuchar.

 
Ponerse a la escucha de alguien es, en primer lugar, rechazar todo lo que puede distraer nuestros oídos, nuestra mente, nuestro espíritu.

 
Escuchar es acallar los tumultos interiores, apartar las fascinaciones de exterior, alejar las interferencias que dispersan la atención y distorsionan la palabra que el otro me dirige.

 
Escuchar es hacer un silencio lo suficientemente denso como para que yo grite desde él: ¡Ahora tú eres mi centro! ¡Mi meta! ¡Mi carrera me lleva únicamente a ti!

 
Ponerse a la escucha de alguien es apartar la mirada de uno mismo y volverse hacia el otro, llegar al cara a cara, como diciendo: ¡Aquí estoy! ¡No existe para mí ningún otro interés! ¡Estoy listo para percibir hasta el susurro de tu palabra!

 
Escuchar equivale a acoger. A abrir de par en par todas las puertas tras de las que uno se guarda. A derribar tanta alambrada y frontera tras de las que nos parapetamos.

 
Escuchar a alguien es descuidarme a mí y preferir al otro. Es preferir al que está ahí, ante mí; y acogerlo con su saco atestado de ropa más o menos limpia, pero que es la suya. Es aceptar que entre en mí, es recibir al otro, con sus sueños y sus deseos; con sus gustos y disgustos; con sus filias y sus fobias.

 
Es prever que va a desordenar los estantes tan cuidadosamente ordenados de mi existencia; es cederle el sitio; es ofrecerle las llaves de la casa, como diciéndole: “Tu presencia me lo va a poner todo patas arriba; pero corro el riesgo: ¡te escucho! ¡Las palabras que me digas serán para mí, espíritu y vida”.

 Adviento es el tiempo de la escucha porque es el tiempo en el que, lentamente, asimilamos esa Palabra que ha venido a habitar entre nosotros. Adviento es el tiempo en el que todos los que escuchan la Palabra aprenden a cambiar sus tinieblas en claridad. El tiempo en el que, poniéndose a su escucha, se arriesgan a hacer un camino hacia la luz.

 
Adviento es el tiempo en el que los hombres escuchan al Señor por el altavoz de cada prójimo. Es cuando todo lo que endurece los corazones se derrite ante el calor del Evangelio. Es cuando saltan a la boca de uno palabras nuevas y al corazón de uno sentimientos nuevos y a la conducta de uno actitudes nuevas… Así nace el Otro en uno. Por eso, porque…

 

¡Adviento es tiempo de nacer!

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INSTRUMENTOS DE DIOS

No veas el servicio a Dios como una carga para tu vida. No creas nada de lo que el enemigo quiere hacerte creer, que tu no puedes, que hay gente mejor que tu, que es aburrido, que nadie te aceptara, etc, etc, etc.
Explota todo el talento que tienes al máximo!!! No lo deseches ni lo hagas de menos. Tú eres una pieza importante para seguir expandiendo el reino de los cielos.Te aseguro que eres dinamita pura y eso hace temblar al enemigo porque sabe muy bien de lo que puedes ser capaz!!! El servir a dios es un privilegio y un honor, y ha puesto su mirada en ti, porque confía en que tú puedes!!!No te preocupes de nada, porque si Dios está contigo, quién contra ti!!!Toma tu armadura, tu escudo y tu lanza, ponte al frente o al lado del Rey de reyes y Señor de señores!!! Y no importa si te hieren en batalla, levántate y sigue luchando, no te des por vencido y no des tregua nunca, gana cada batalla al lado de Dios!!!

Sabías que Dios es un Dios creativo y de estrategias? SI, porque utiliza todos los recursos disponibles para captar nuestra atención.

Esfuérzate y se valiente. Levántate, carga tus pilas y deja que Dios tome el control de tu vida y que se haga su voluntad en ti.

Hay mucha gente que necesita conocer a Jesús enséñales que él es el pase de ingreso al cielo y que la salvación es gratis, pero que tuvo que pagarse un gran precio por ello “su sangre en la cruz del calvario”

Bendiciones!!!

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ORACIÓN DE LOS POLÍTICOS

Jesucristo, Hijo de Dios omnipotente y eterno, Creador, Rey y Señor de la historia, Supremo Legislador, de quien emana y depende todo poder: nosotros, hombres y mujeres políticos católicos, sobre quienes recae la carga del servicio a la nación, imploramos la ayuda de Tu Espíritu para el ejercicio de la política como ciencia, arte y virtud, para edificar la justicia social y el bien común.

Danos, Señor, la gracia de testimoniar, como Tomás Moro, la inalienable dignidad de la conciencia, sin abandonar la constante fidelidad a la autoridad y a las instituciones, para que sepamos afirmar con nuestra vida y con nuestra muerte que el ser humano no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Danos fortaleza para animar con el espíritu del Evangelio el orden temporal, respetando su naturaleza y su legítima autonomía. Infunde en nuestros corazones la humildad necesaria para reconocernos siervos inútiles y el valor y la perseverancia necesarios para hacer todo como si todo dependiera de nosotros, abandonándonos en Ti porque todo depende de Ti.

Enséñanos, Señor, a ser congruentes, coherentes con nuestra vida para que sepamos promover la verdad moral objetiva e irrenunciable que implica: defender la vida humana y su dignidad desde la concepción hasta la muerte natural; tutelar a la familia fundada por un hombre y una mujer y protegerla en su unidad y estabilidad; reconocer la libertad de los padres en la educación de sus hijos; eliminar cualquier forma de esclavitud o discriminación de las personas; impulsar el derecho a la libertad religiosa; desarrollar una economía al servicio de la persona en un marco de justicia, solidaridad y subsidiariedad y trabajar incansablemente por la paz que es siempre “obra de la justicia y efecto de la caridad”.

te pedimos, Señor, que nos enseñes a hacer Tu voluntad queriendo todo aquello que quieres Tú, precisamente porque lo quieres Tú, como Tú lo quieras y durante el tiempo que Tú lo quieras; que nos des Tu gracia para ser obedientes con nuestros superiores, comprensivos con nuestros colaboradores, solícitos con todas las personas y generosos con quienes se dicen nuestros enemigos; que nos ayudes a superar son austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira y con fervor la tibieza; que sepamos tener prudencia al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades y sencillez en los éxitos. Muéstranos, te lo suplicamos, cómo hacer de la política un camino de santidad, para que nunca nos avergoncemos de Ti ante el mundo, para que Tú, Señor, no nos niegues delante del Padre.

Escúchanos, Señor, a fin de que nunca falte tu luz a nuestra mente, tu fuerza a nuestra voluntad y el calor de tu caridad a nuestro corazón, para que amemos en verdad a quienes servimos. Infúndenos un sentimiento vivo, actual y profundo de lo que es el orden social, pensado por Ti, fundado en el derecho natural; y haz que un día, justamente con aquellos a quienes tuvimos la misión de servir, podamos gozar de Ti bajo la mirada amorosa de Tu dulcísima Madre, María Santísima de Guadalupe, por toda la eternidad. Así sea.

CON LICENCIA ECLESIÁSTICA
Arquidiócesis Primada de México

 

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CRISTO REY

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EL ADVIENTO

El Adviento


¡Otro año más que se acaba! ¡Otra Navidad!
Estarás pensando con quién la pasarás, esperando el aguinaldo, preocupado por los regalos, por lo que cocinarás…
Detente un momento y reflexiona. ¿Te preocupa vivir una Navidad diferente? En este folleto te proponemos cómo hacerlo.

 ¡VIENE EL HIJO DE DIOS!
Imagina que te llega una carta diciendo que en cuatro semanas, llegará a tu casa a hospedarse, el Hijo de Dios. ¡Qué honor! ¿Cómo a mi casa? ¿Qué haría yo? Por supuesto no me quedaría sentado y dejaría pasar el tiempo para preparar el recibimiento. Manos a la obra:
1) Hay que hacer una buena limpieza de la casa.
2) Hay que recoger el tiradero, el desorden, poner orden en casa.
3) Hay que adornar, pintar, poner flores, que se vea más bonita la casa.
4) Hay que preparar con alegría el recibimiento.
¿ QUE ES EL ADVIENTO ?– Cuando el Mesías llegó, pocos le esperaban realmente. “Vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). Muchos de aquellos judíos, ocupados en sus quehaceres diarios, se habían dormido para lo más esencial de sus vidas y de la vida del mundo.
– La palabra Adviento es de origen latino y quiere decir: VENIDA.
– Para los católicos, el Adviento es un tiempo de espera, un tiempo especial para preparar el espíritu para el nacimiento de Jesús en la Navidad.
– El tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.
– Ocuparé cada una de estas semanas, en las 4 tareas para preparar mi casa: limpiar, ordenar, adornar, alegrar.
1) TIEMPO DE LIMPIAR

– ¿Me atrevería a recibir al Hijo de Dios, en una casa llena de suciedad? Imposible. De igual manera, Jesús no podría hospedarse en mi alma, si esta está llena de pecado.
– La mejor manera de preparar mi alma para la venida del niño Jesús es reflexionando, qué cosas me separan de Dios. Haré un examen profundo, pensando con cuales de mis actos le ofendo. Después me esforzaré por hacer una buena CONFESIÓN, pidiendo de corazón a Dios perdón por haberle ofendido a El que tanto me ama. Finalmente, haré un firme propósito de enmendarme, de poner los medios concretos para cambiar.
– Veré que una vez con el alma limpia, estaré mucho mejor dispuesto para seguir con los preparativos.

2) TIEMPO DE ORDENAR– Es muy fácil volver a ensuciar la casa, si el tiradero, y el desorden no se quitan. De igual modo, será fácil volver a ensuciar mi alma, si no ordeno mis ideas, mis creencias, mis prioridades.
– Poner prioridades, significa pensar qué es lo primero importante en mi vida, qué es lo segundo, qué es lo tercero…
– Pensaré que para todo católico lo más importante debiera ser, vivir de manera que logre llegar al cielo, a vivir toda la eternidad, infinitamente feliz con Dios.
– Recordaré las palabras de Jesús cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más grande: “Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
– Me sorprenderé al reflexionar, en cuántas cosas invierto mi tiempo, mi esfuerzo, mi vida, que nada tienen que ver con lo anterior, y cuan poco tiempo invierto en cultivar mi oración, los sacramentos, las virtudes, el amor, las obras de caridad, el perdón…
– Tal vez todos coincidamos en que lo segundo más importante es hacer felices y hacer sentir amados a aquellos que amamos. ¿Cuánto tiempo dedico realmente a esto? Muchas veces, me preocupo más por las cosas, que por las personas.
– Y así podría seguir, poniendo en su lugar las cosas de mi vida. Esta segunda semana de adviento escribiré las 5 cosas más importantes para mi salvación y qué pienso hacer para lograrlas. También escribiré 5 cosas en las que pierdo el tiempo y no son importantes.
3) TIEMPO DE ADORNAR– Una vez limpia y ordenada la casa, ahora sí se puede adornar. ¿Cómo adorno mi alma para recibir al Hijo de Dios dignamente?
– El alma se embellece con las virtudes. Cultivando las acciones buenas y las actitudes buenas, por ejemplo siendo sencillo, sirviendo o haciendo favores a los demás, siendo amable, hablando bien de los otros, ayudando a aquel que está más amolado que yo, aceptando y teniendo paciencia con aquel que me cuesta, perdonando a aquel que me ofendió…
– Esta tercera semana trataré de llenar mi alma de muchas obras buenas. Además al finalizar la semana reflexionaré cuan feliz me hizo el ser bueno y a cuántas personas di también felicidad. ¿No valdría la pena seguir así aunque acabe el Adviento?
4) TIEMPO DE ALEGRÍA– ¡Todo preparado en la casa! Ahora es tiempo de pensar en EL INVITADO. El invitado es nada más y nada menos que Jesucristo, el hijo de Dios.
– La más grande prueba de que Dios nos ama infinitamente, es haber mandado a su hijo Jesús al mundo para salvarnos. He de reflexionar, que gracias a su venida es que yo podré un día ir al cielo.
– El Adviento es entonces y sobretodo un tiempo de alegría profunda.
– Si te fijas, todos los que participaron de cerca en el nacimiento de Jesús: San José, la Virgen María, los pastores, los reyes magos, todos estaban alegres.
– De igual manera mi vida debe ser también como un Adviento un poco más largo, una alegre espera de ese momento definitivo en el que me encontraré por fin con el Señor para siempre.
– Mi alegría no debe depender de las cosas de la tierra: noticias agradables, salud, tranquilidad, desahogo económico para sacar la familia adelante, etc. La verdadera alegría cristiana, esa que trae una paz y serenidad que nadie puede quitar, sólo la tiene aquel hombre que logra escapar de si mismo, cuando ama a los demás y hace la voluntad de Dios.
– Este Adviento trataré de vivir esta alegría, con una sonrisa, una palabra cordial, un pequeño elogio, evitando hacer tragedias por cosas de poca importancia que debería dejar pasar y olvidar. Así contribuiré a hacer más llevadera la vida de las personas que me rodean. Esa es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios.

LA CORONA DE ADVIENTO

– Existe la tradición de hacer en casa una “Corona de Adviento”, que es un círculo de follaje verde (pino, abeto o hiedra), envuelta con un listón rojo y en cuyo centro se colocan 4 velas, para que la familia encienda una cada domingo de Adviento mientras hace oración.
– El círculo simboliza la eternidad, el color verde simboliza la vida y la esperanza. El listón rojo significa el amor de Dios que nos envuelve y también nuestro amor que espera con ansiedad el nacimiento del Hijo de Dios. La luz de las velas simboliza nuestra fe.

PROPÓSITO DEL MES:

– Cada uno de los 4 domingos de este Adviento, me reuniré con mi familia, encenderé una de las velas de la corona, leeré un pedazo del evangelio que me cuenta con detalle como fue el nacimiento de Jesús. Leeré después la parte de este folleto que corresponde a lo que tengo que trabajar esa semana.
1a Semana – Lucas 1, 28-38 – Tiempo de Limpiar
2a Semana – Lucas 1, 39-56 – Tiempo de Ordenar
3a Semana – Lucas 2, 1-7 – Tiempo de Adornar
4a Semana – Lucas 2, 8-19 – Tiempo de Alegría.


¡ESTE AÑO SÍ PREPARARÉ CON ESMERO LA NAVIDAD!

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Señor, esta mañana al despertar, me he dado cuenta de que vivo no por mi, si no por ti, y por consiguiente todo te lo debo a ti.

Lamentablemente no siempre te dedico la atención que mereces y es allí donde empieza mi problema. No alcanzo a ver ni a darme cuenta que sin ti, no soy nada, sin ti, soy presa fácil de los aguijones que la vida y el mundo me muestran día a día.

Por eso esta mañana te ruego:

¡Señor: que vea!, para que aprenda a descubrirte cerca de mi, para que pueda darme cuenta que siempre estas a mi lado, que necesito quitar de mis ojos esta venda que no me deja ver y que lamentablemente en muchas ocasiones me lleva a actuar de espaldas a ti, mi Dios y Señor.

¡Señor, que vea!, lo hermosa que es la vida, si esta, se vive muy junto a ti.

¡Señor, que vea!, que se pueden vencer los problemas con tan sólo tu gracia.

¡Señor, que vea!, que el pecado, mi triste pecado, lo único que trae consigo es dolor, sufrimiento y un profundo sin sentido a mi vida.

¡Señor que vea!, que a mi lado caminan, miles de personas, todas ellas necesitadas de amor, comprensión, y un poco de atención de mi parte.

¡Señor que vea!, que la única forma de llegar a ser feliz es despojándome de mis falsos orgullos.

¡Señor que vea!, para poder acompañarte en esta gran aventura de ayudar al hombre a encontrarte.

Entiendo que debe ser muy triste padecer una ceguera física, y no poder ver lo hermosa que es la vida, no poder captar los colores, no tener la dicha de poder guardar en mi mente los rostros de todas las personas que han ido marcando el rumbo de mi vida, a lo largo de mi existencia, pero pienso también que mucho más terrible y doloroso es padecer de una ceguera espiritual, es decir no poder darme cuenta que la vida carece de sentido si Dios no está a mi lado, no darme cuenta que para ser verdaderamente feliz, necesito que Dios me cambie la vida, que la haga distinta, es triste muy triste, vivir sólo sin verdaderos amigos a quienes poder acudir en busca de un consejo, en fin debe ser terrible vivir ciego interiormente a todo aquello que es motivo de alegría, paz y felicidad, no se puede, o más bien no se debe vivir así.

Por eso Señor, ayúdame a dejarme conducir, de tal forma que al igual que el ciego Bartiméo, sepa gritar mi dolor, para que tu Señor, al oírme gritar, me concedas la gracia de poder verte, contemplarte de tal manera, que esa tu mirada, aquella mirada que ha cautivado a tantos hombres a lo largo de historia, me seduzca de tal manera que rendido a tus pies pueda llegar a ver la luz de la verdad.

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Oh Dios, Padre Nuestro,
que con admirable providencia
gobiernas y diriges todas las cosas,
mira con amor y misericordia
a tu querido pueblo que se prepara a elegir,
a sus autoridades
y  quiere reconstruir su futuro
con la verdad,
la institucionalidad
y los valores morales.
Danos la sabiduría y claridad,
para elegir a las personas
más adecuadas,
que se destaquen por su honestidad,
sinceridad y entrega,
por el conocimiento de las
principales necesidades y que presenten
propuestas claras y realistas,
promoviendo la reconciliación,
la justicia, la paz, el progreso
y el bien común.

Bendice a todas las personas
que habitamos este cielo
azul y blanco:
nacionales, extranjeros,
hombres y mujeres de buena voluntad
y haz que iniciemos
una nueva etapa
preocupándonos por  nuestra Patria
promoviendo los valores cívicos,
morales y religiosos,
la democracia y
participación de todos
buscando el bien común
especialmente de los más
pobres y necesitados.

Virgen y Madre Inmaculada –
Ruega por nosotros
Todos los Santos y Santas de Dios – Rueguen por nosotros

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