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LA CORONA DE ADVIENTO

(Celebración para encendido de la Corona de Adviento)
La corona de Adviento es el primer anuncio de Navidad. Es un círculo de follaje verde, la forma simboliza la eternidad y el color la esperanza y la vida.

Dios se hace presente en la vida de cada ser humano y de cualquier manera le hace sentir su amor y deseo de salvarle.

La palabra ADVIENTO es de origen latín y quiere decir VENIDA. Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para la venida de Jesucristo. El tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.

Actualmente hay inquietud por reavivar una costumbre muy significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo: La corona de Adviento es el primer anuncio de Navidad.

La corona es un círculo de follaje verde, va enrollada con un listón rojo, símbolo del amor de Dios que nos envuelve y también de nuestro amor que espera con ansiedad el nacimiento del Hijo de Dios. Alrededor del círculo se colocan las cuatro velas: tres moradas y una rosa o bien todas blancas, pero cada una con un listón (tres morados y uno rosa). Se encienden, una, cada domingo de Adviento. La luz de la vela simboliza nuestra fe. 

Puedes ponerla en una charola redonda para poder moverla. Además, puedes suplir las velas por veladoras pequeñas. (Todo es según la creatividad; puedes buscar en Google: Corona de Adviento, y en las Imágenes encontrarás muchas para darte una idea).

Para adornarla puedes ponerle alguna esfera.

Se puede colocar en medio de la corona una imagen (de bulto), de la Santísima Virgen María, pues ella es el más grande testimonio de la actitud de espera por la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.

El conjunto se sitúa cerca del altar o del ambón de la Palabra, si es en la Iglesia, o en un lugar adecuado si se utiliza en un ambiente familiar o escolar. En la casa, por ejemplo, puede ser en el centro de la mesa del comedor o en un mueble cercano a ésta. 

Cabe mencionar que, la vela se enciende al iniciar la Santa Misa o la comida, si se hace en casa. Se recomienda que el más pequeño de la familia la encienda o se vayan turnando los integrantes de la familia o de la clase.

Se apaga la vela al terminar la Misa o la comida. Sólo se hace la oración para el encendido de la vela el domingo correspondiente. Los demás días de la semana se enciende la vela al iniciar la comida y se apaga al terminar.

En Navidad se puede añadir una quinta vela blanca, hasta el final del tiempo de Navidad y si se quiere se puede situar la imagen del Niño (quitando la de la Virgen María); se tiene que ver que la Navidad es más importante que la espera del Adviento.

Se ha convertido rápidamente en un simpático elemento complementario de pedagogía cristiana para expresar la espera de Cristo Jesús como Luz y Vida, junto a otros ciertamente más importantes, como son las lecturas bíblicas, los textos de oración y el repertorio de cantos.
PROPONEMOS ESTE ESQUEMA SENCILLO PARA ORAR AL ENCENDER LA VELA DE ADVIENTO
PRIMER DOMINGO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores. 

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso…

LITURGIA DE LA PALABRA. 

Del santo Evangelio según san Marcos 13,33: 

Estén preparados y vigilando, ya que nos saben cuál será el momento. Palabra del Señor.

Guía: Vigilar significa estar atentos, salir al encuentro del Señor, que quiere entrar, este año más que el pasado, en nuestra existencia, para darle sentido total y salvarnos.

ENCENDIDO DE LA VELA

(En este momento se enciende la primera vela morada)

Oración. 

Guía: Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.

Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera.

Todos: ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!
SEGUNDO DOMINGO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores. 

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso…

LITURGIA DE LA PALABRA.

De la 2ª Carta de San Pedro 3,13-14. 

Nosotros esperamos, según la promesa de Dios, cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz. 

Palabra de Dios.

Guía: ¿Qué va a cambiar en mí, en nosotros en este Adviento? ¿Se notará que creemos de veras en Cristo?

ENCENDIDO DE LA VELA

(En este momento se encienden la primera y segunda vela moradas)

Oración

Guía: Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.

Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza.

Todos: ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

TERCER DOMINGO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores. 

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso…

LITURGIA DE LA PALABRA.

De la 1ª Carta a los Tesalonicenses 5,23: 

Que el propio Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección. Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor. 

Palabra de Dios.

Guía: Los hombres de hoy no verán en persona a Cristo en esta Navidad. Pero sí verán a la Iglesia, nos verán a nosotros. ¿Habrá más luz, más amor, más esperanza reflejada en nuestra vida para que puedan creer en Él?

ENCENDIDO DE LA VELA

(En este momento se encienden la primera y segunda vela moradas, y la tercera vela rosa)

Guía: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

Todos: ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

CUARTO DOMINGO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores. 

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso…

LITURGIA DE LA PALABRA:

De la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos 13,13-14 

Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo. 

Palabra de Dios.

ENCENDIDO DE LA VELA

(En este momento se encienden las cuatro velas)

Señor, te pedimos nos ayudes a estar siempre dispuestos a dar un “sí”,

a lo que nos pidas en nuestras vidas.

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.

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UNA ORACION EN CADA DEDO

1. El pulgar es el más cercano a ti. 

Así que empieza orando por quienes están más cerca de ti. Son las personas más fáciles de recordar. 

Orar por nuestros seres queridos es “una dulce obligación”
2. El siguiente dedo es el índice. 

Ora por quienes enseñan, instruyen y sanan. Esto incluye a los maestros, profesores, médicos y sacerdotes. 

Ellos necesitan apoyo y sabiduría para indicar la dirección correcta a los demás. 

Tenlos siempre presentes en tus oraciones.
3.  El siguiente dedo es el más alto. 

Nos recuerda a nuestros líderes. Ora por el presidente, los congresistas, los empresarios, y los gerentes. 

Estas personas dirigen los destinos de nuestra patria y guían a la opinión pública… 

Necesitan la guía de Dios.
4. El cuarto dedo es nuestro dedo anular. 

Aunque a muchos les sorprenda, es nuestro dedo más débil, como te lo puede decir cualquier profesor de piano.

Debe recordarnos orar por los más débiles, con muchos problemas o postrados por las enfermedades. Necesitan tus oraciones de día y de noche. 

Nunca será demasiado lo que ores por ellos. 

También debe invitarnos a orar por los matrimonios.
5. Y por último está nuestro dedo meñique, el más pequeño de todos los dedos, que es como debemos vernos ante Dios y los demás. 

Como dice la Biblia “los últimos serán los primeros”. 

Tu meñique debe recordarte orar por ti… 

Cuando ya hayas orado por los otros cuatro grupos verás tus propias necesidades en la perspectiva correcta, y podrás orar mejor por las tuyas.

Jorge M. Bergoglio SJ

El AÑO LITURGICO

COMIENZO DEL AÑO LITÚRGICO

Festejamos el comienzo del Año Litúrgico cuyo inicio nos ofrece la posibilidad de vivir más cerca de Jesús y crecer en nuestra fe. 
EL AÑO LITURGICO
El inicio nos ofrece la posibilidad de vivir más cerca de Jesús y crecer en nuestra fe.
A muchos nos puede pasar que vivimos la vida muy de prisa. En muchas ocasiones de manera superficial. Esto se refleja en nuestra vida espiritual. Podemos ir a Misa en Navidad, pero quizá no nos damos el tiempo de profundizar en el misterio tan grande que se nos está presentando en esos momentos. Sucede que vivimos solo la parte externa de las fiestas litúrgicas y no la parte interna, el gran mensaje. Esto nos lleva a una falta de compromiso con Cristo.
¿QUÉ ES LA LITURGIA?
La liturgia es la manera de celebrar nuestra fe. No sólo tenemos fe y vivimos de acuerdo con ella, sino que la celebramos con acciones de culto en las que manifestamos en forma pública y en comunidad, nuestra adoración a Jesucristo, presente con nosotros en la Iglesia.
Liturgia viene del griego leitourgia que quiere decir servicio público ofrecido por una persona a la comunidad. Es el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la celebración sacramental. En ella, los signos sensibles, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre. Así, el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, Jesús y nosotros que somos su Iglesia, ejerce el culto público íntegro.
La Liturgia es la acción sagrada por excelencia, ninguna oración o acción humana la puede igualar, pues es una obra de Cristo y de toda su Iglesia, y no de una persona o un grupo.
¿QUÉ SIGNIFICADO TIENEN LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS?
Cada celebración litúrgica tiene un triple significado:
Recuerdo: Todo acontecimiento importante debe ser recordado. Por ejemplo, el aniversario del nacimiento de Cristo, su pasión y muerte, etc.
PRESENCIA: Es Cristo quien se hace presente en las celebraciones litúrgicas, concediendo gracias espirituales a todos los que participan en ellas, de acuerdo a la finalidad última de la Iglesia que es salvar a todos los hombres de todos los tiempos.
ESPERA: Toda celebración litúrgica es un anuncio profético de la esperanza del establecimiento del Reino de Cristo en la Tierra y de llegar un día al Cielo.
¿QUÉ ES AL AÑO LITÚRGICO?
Es el desarrollo de los misterios de la vida de Cristo (nacimiento, su muerte y resurrección) y las celebraciones de los santos que la Iglesia nos propone a lo largo del año. Es vivir y no sólo recordar la Historia de la Salvación. Esto se hace a través de fiestas y celebraciones. Se celebran y actualizan las etapas más importantes del plan de salvación. Es un camino de fe que nos adentra y nos invita a profundizar en el misterio de la salvación. Un camino de fe para recorrer y vivir el amor divino que nos lleva a la salvación.
¿QUÉ SON LOS TIEMPOS LITÚRGICOS?
Son tiempos en los que la Iglesia nos invita a reflexionar y a vivir de acuerdo con alguno de los misterios de la vida de Cristo.
En cada tiempo litúrgico, el sacerdote se reviste con casulla de diferentes colores: Blanco significa alegría y pureza. Se utiliza en el tiempo de Navidad y de Pascua; Verde significa esperanza. Se utiliza en el tiempo ordinario; Morado significa luto y penitencia. Se usa en Adviento, Cuaresma y Semana Santa; Rojo significa el fuego del Espíritu Santo y el martirio. Se utiliza en las fiestas de los santos mártires y en Pentecostés.
LOS TIEMPOS DEL AÑO LITÚRGICO SIGUEN UN ORDEN DETERMINADO:
ADVIENTO: las cuatro semanas que preceden al 25 de diciembre, abarcando los cuatro domingos de Adviento.
NAVIDAD: es el “nacimiento” que se celebra el 25 de diciembre nos recuerda que Dios vino a este mundo para salvarnos.
EPIFANÍA: es el 6 de enero y nos recuerda la manifestación pública de Dios a todos los hombres.
PRIMER TIEMPO ORDINARIO: va desde Epifanía hasta Cuaresma.
CUARESMA: comienza con el Miércoles de Ceniza y se prolonga durante los cuarenta días anteriores al Triduo Pascual. Es un tiempo de oración, penitencia y ayuno.
SEMANA SANTA: comienza con el Domingo de Ramos y termina con el domingo de Pascua, que es la mayor fiesta de la Iglesia. Se celebra la resurrección de Jesús. Es el triunfo definitivo del Señor sobre la muerte y primicia de nuestra resurrección.
TIEMPO DE PASCUA: es tiempo de paz, alegría y esperanza. Dura cincuenta días, desde el domingo de Resurrección hasta Pentecostés.
PENTECOSTÉS: es la celebración de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.
SEGUNDO TIEMPO ORDINARIO: después de Pentecostés hasta la fiesta de Cristo Rey.
Durante los tiempos ordinarios del Año Litúrgico, no se celebra un aspecto concreto del misterio de Cristo, pero se profundiza en los distintos momentos históricos de Su vida para adentrarnos en la historia de la Salvación.
ALGO QUE NO DEBES OLVIDAR
La liturgia es un conjunto de acciones de culto en las que manifestamos nuestra adoración a Jesucristo, presente con nosotros en la Iglesia, de un modo público y en comunidad.
En la liturgia se requiere de los fieles una participación plena, consciente y activa.
Las celebraciones litúrgicas tienen un triple significado: recuerdo, presencia y espera.
El Año Litúrgico es el desarrollo de los misterios de la vida de Cristo (su nacimiento, muerte y resurrección), y las celebraciones de los santos que nos propone la Iglesia a lo largo del año.
Los tiempos litúrgicos son: Adviento, Navidad, Epifanía, Primer tiempo ordinario, Cuaresma, Semana Santa, Pascua, Tiempo Pascual, Pentecostés, Segundo tiempo ordinario y termina con la fiesta de Cristo Rey.
EL EJE DEL AÑO LITÚRGICO ES LA PASCUA. LOS TIEMPOS FUERTES SON EL ADVIENTO Y LA CUARESMA.

Que significa la palabra Eucasistia

¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA ‘EUCARISTÍA’?
La palabra tiene muchos niveles de significado
Una de las palabras más empleadas en el catolicismo es ‘Eucaristía’. Se escucha todos los domingos en misa y los católicos la pronuncian constantemente. ¿Qué significa?
El Catecismo de la Iglesia Católica ofrece una breve definición de la palabra.
La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus aspectos. Se le llama:
Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Las palabras griegas eucharistein (Lc 22,19; 1 Co11,24) y eulogein (Mt 26,26; Mc 14,22) recuerdan las bendiciones judías que proclaman, sobre todo durante la comida, las obras de Dios: la creación, la redención y la santificación. (CIC 1328)
En la versión original en griego de los Evangelios, se documenta que Jesús empleó una palabra similar en la celebración de la Última Cena.
Y tomando una copa, dio gracias y dijo: “Tomen y compártanla entre ustedes” (…) Luego tomó el pan, dio gracias (εὐχαριστήσας – eucharistēsas), lo partió y lo dio a sus discípulos. (Lucas 22,17-19)
En esencia, la palabra ‘Eucaristía’ significa ‘acción de gracias’, pero en un contexto judío va dirigida específicamente a dar gracias a Dios.
En un principio la palabra fue adoptada para referirse a todo el sacramento de la Eucaristía, conocida más comúnmente como Misa, en la que los católicos celebran el acto salvífico de Dios en la cruz. Existe incluso un documento antiguo llamado Didaché que posiblemente se remonta al tiempo de los apóstoles y usa esta palabra en ese contexto.
En cuanto a la Eucaristía, así habéis de realizarla: 2. Primero sobre el Cáliz: “Te damos gracias, nuestro Padre, por la sagrada vid de David, tu siervo, la cual nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo; A Ti la gloria en los siglos”.
Y sobre la partición (del pan): “Te damos gracias, nuestro Padre, por la vida y la ciencia que nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo: A Ti la gloria (…)” Pero nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía, sino únicamente los que están bautizados en el nombre del Señor.
Además de referirse a la celebración completa de la Eucaristía, la palabra también se usa incluso de manera más específica para referirse al pan y al vino que son transformados en el cuerpo y la sangre de Jesús.
En definitiva, la palabra ‘Eucaristía’ es polifacética, con muchas dimensiones diferentes que se remontan a la básica necesidad humana de dar gracias a Dios.

Que es la GENUFLEXION?

La genuflexión es el máximo signo de reverencia y adoración que prevé la liturgia, por lo cual queda reservada al Santísimo Sacramento y a la Cruz, desde los Oficios del Viernes Santo hasta la Vigila Pascual.
La Instrucción General del Misal Romano indica: que “la genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual.” (n. 274)
En la Misa el sacerdote que celebra hace tres genuflexiones siempre:

1.- Después de la elevación de la sagrada forma

2.- Después de la elevación del cáliz

3.- Antes de la comunión.

Los concelebrantes únicamente hacen una inclinación profunda en estos momentos.

Adicionalmente puede hacer otras dos genuflexiones si el tabernáculo con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio. En este caso, el sacerdote, el diácono y los otros ministros hacen genuflexión cuando llegan al altar y cuando se retiran de él, pero no durante la celebración misma de la Misa. Debe indicarse que los ministros que llevan la cruz procesional o los cirios, en vez de la genuflexión, hacen inclinación de cabeza

Antes se decía que debían hacerla cada vez que los ministros pasaban delante del sagrario, pero eso se suprimió y ahora sólo se hace al inicio y al final.

Fuera de la Misa, todos los que pasan delante del Santísimo Sacramento hacen genuflexión, a no ser que avancen procesionalmente.

La genuflexión doble implica poner las dos rodillas en el suelo e inclinar la cabeza. Este gesto no se contempla en la liturgia actual. Anteriormente se realizaba frente al Santísimo Sacramento cuando se encontraba expuesto. Sin embargo, por devoción puede realizarse.

La Instrucción General del Misal Romano como signos corporales de reverencia y adoración sólo contempla la genuflexión sencilla (pues dice que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra), en el núm. 274, y la inclinación (que puede ser de cabeza o profunda) en el núm. 275. Así pues, no dice nada sobre la genuflexión doble, como antes sí se decía.

En el mismo sentido, el Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto Eucarístico fuera de la Misa (De Sacra Communione et De Cultu Mysterii Eucharistici Extra Missam) dice textualmente en el número 84 de su praenotanda: “84. Ante El Santísimo Sacramento, ya reservado en el sagrario, ya expuesto para la adoración pública, sólo se hace genuflexión sencilla.” Es claro, por tanto, que indica que debe hacerse una genuflexión sencilla cuando el Santísimo esté expuesto.

La Señal de la Santa Cruz

SABIAS EL SIGNIFICADO EL DE LA SEÑAL DE LA CRUZ?

Es precioso por su historia, por su significado y por su poder.
Es la señal de mi fe; muestra quién soy y lo que creo. Es el resumen del Credo. Es la señal de mi agradecimiento.

Tengo que hacer con amor y emoción este gesto que me recuerda que Jesús ha muerto por mí. Es la señal de mi intención de obrar, no para la Tierra, sino para el Cielo. Al hacerla, y pronunciando estas misteriosas palabras

“EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO” me comprometo a obrar:

• en el nombre del Padre que me ha creado,

• en el nombre del Hijo que me ha redimido,

• en el nombre del Espíritu Santo que me santifica.

En una palabra: a actuar como hija o hijo de Dios.

Este signo es la señal de la consagración de toda mi persona.

Al tocar mi frente: «ofrezco a Dios todos mis pensamientos.

Al tocar mi pecho: consagro a Dios todos los sentimientos de mi corazón.

Al tocar mi hombro izquierdo: le entrego todas mis penas y preocupaciones.

Al tocar mi hombro derecho: le consagro mis acciones.

La señal de la Cruz es en sí misma fuente de grandes gracias. Debo considerarla como la mejor preparación a la oración, pero ya es en sí misma una oración, y de las más impresionantes. Es una bendición.

Si me emociona ser bendecido por el Papa, por un Obispo, ¡Cuánto más ser bendecido por el mismo Dios!.

Señor, concédeme la gracia de hacer de mi señal de la cruz un “Heme aquí” motivador para la oración, para la acción, para mi día entero; así como una poderosa llamada de las bendiciones del cielo sobre mí.

MODELO Y PATRONO DE LOS MONAGUILLOS 

San Tarcisio 

La Iglesia Católica ha tenido muy especial cariño a este joven que con tanto amor llevaba la Comunión a los prisioneros y con tan enorme valor supo defender la Santa Eucaristía de los enemigos que intentaban profanarla. 

“No echéis a los perros lo sagrado, ni a los cerdos lo muy valioso, porque se volverán contra vosotros”. 

Oración 

San Tarcisio, mártir de la Eucaristía, pídele a Dios que todos y en todas partes demostremos un inmenso amor y un infinito respeto al Santísimo Sacramento donde está nuestro Salvador, Jesucristo, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Amén. 

Historia 

San Tarcisio era un acólito o ayudante de los sacerdotes en Roma. Después de participar en una Santa Misa en las Catacumbas de San Calixto fue encargado por el obispo para llevar la Sagrada Eucaristía a los cristianos que estaban en la cárcel, prisioneros por proclamar su fe en Jesucristo. Por la calle se encontró con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué llevabaallí bajo su manto. Él no les quiso decir, y los otros lo atacaron ferozmente para robarle la Eucaristía. El joven prefirió morir antes que entregar tan sagrado tesoro. Cuando estaba siendo apedreado llegó un soldado cristiano y alejó a los atacantes. Tarcisio le encomendó que les llevara la Sagrada Comunión a los encarcelados, y murió contento de haber podido dar su vida por defender el Sacramento y las Sagradas formas donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo. 

El libro oficial de las Vidas de Santos de la Iglesia, llamado «Martirologio Romano» cuenta así la vida de este santo: “En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarcisio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarcisio quería cumplir aquello que dijo Jesús: ‘No arrojen las perlas a los cerdos’, y se negó a responder. Los paganos lo apalearon y apedrearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron quitarle el Sacramento de Cristo. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarcisio y le dieron honrosa sepultura en el Cementerio de Calixto”. 

Sobre su tumba escribió el Papa San Dámaso este hermoso epitafio: “Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarcisio es muy parecido al del diácono San Esteban, a ellos los dos quiere honrar este epitafio. San Esteban fue muerto bajo una tempestad de pedradas por los enemigos de Cristo, a los cuales exhortaba a volverse mejores. Tarcisio, mientras lleva el sacramento de Cristo fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo. Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a los perros rabiosos la Eucaristía que contiene la Carne Divina de Cristo”